Construido con Berta

  1. Sala Ferreres Centre del Carme. Valencia.

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      Sala Ferreres Centre del Carme. Valencia.

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      “Templo” Acrílico sobre lienzo. 250 x 150 cm 250 x 190 cm y 250 x 150 cm. 2013

    ROOM ART ESPAI XXI CENTRE DEL CARME 2013




    La presente edición acoge la noción de espacio según una doble adscripción creativa: en primer lugar, aquella que se deriva del ejercicio práctico del diseño -tomado como detonante- volcado en los nuevos modos de entender el ordenamiento plástico de lo espacial, y, en segundo lugar, se interroga sobre la posible continuidad de lo normativo en las tendencias artísticas del arte valenciano contemporáneo más reciente. Hacia el apoyo y puesta en valor de ese arte joven se dirigen los esfuerzos integrados en Room Art 2013. Espacio XXI. Los artistas, con independencia de los distintos soportes o disciplinas artísticas a través de las cuales desarrollasen su quehacer creativo, y también del enlace conceptual que se establece entre la operatividad de un "espacio" de gestión visual y funcional en la empresa unido a un "espacio" compositivo y estructurador en el arte, la propuesta científica trata a su vez de enlazar con una reciente tradición histórica que situó al arte valenciano a la vanguardia española de una mirada vinculada con las poéticas de la geometría y el normativismo. Así, esta última cuestión, que entra sin duda en el campo de la reflexión estética, sugeriría el interrogante sobre la posibilidad de un pensar en la actualización de algunos presupuestos metodológicos definitorios de ciertas poéticas individuales incluidas en el Grupo Parpalló, en la cohesión constructiva de grupos como Antes del Arte, o en la inclusión del diseño desde la reconquista del espacio que marcó aquella primera exposición de Arte Normativo en Valencia, todas ellas efervescencias creadoras surgidas a caballos entre los años cincuenta y sesenta del siglo XX, pero cuya influencia parece recobrar un sólido protagonismo en el presente artístico valenciano.





    Ricard Silvestre


    
Centre Documentació Art Valencià Contemporani "Romà de
la Calle" (CDAVC).
Institut Universitari de Creativitat i Innovacions
Educatives (IUCIE)
Universitat de València

  2. TRAZOS DE LUZ. LA ESTRUCTURA EN CLAVE CROMÁTICA.





    Para analizar los diversos estilos gestuales de aquel momento, la exposición The responsive eye presentada en 1965 en el MOMA de Nueva York estructuró sus piezas en seis secciones. El apartado denominado como “Imagen del color” (The Colour Image) dividía a los artistas interesados por la tecnología, y que trasladaban los diagramas científicos al lienzo, frente a los preocupados por los estudios cromáticos y compositivos. Pero ambos grupos tomaban la experiencia frente al lienzo y los procesos de la visión como germen de sus creaciones pictóricas. El color se convertía en fondo y soporte, y permitió que aquellas obras consolidaran el sentido expansivo del poder óptico. 

Las reflexiones en torno a la espacialidad en la pintura y el desarrollo de la abstracción confluyen en la obra de Ferran Gisbert a partir de la dinámica del color, convirtiendo el lienzo en un escenario para la acción. Sus trabajos, desarrollados desde diferentes movimientos artísticos nacidos a partir de los años cincuenta, integran los estudios geométricos junto a la experimentación cinética del Op Art. Como resultado de estos análisis, el autor cubre la superficie pictórica de imágenes estriadas y diáfanas sobre grandes formatos dispuestos horizontalmente. En algunas de sus obras, como VIII Estudio de color (2011), el artista integra franjas multicolores dispuestas verticalmente, cuya secuencia rompe a partir de los bordes dentados que continúan expandiendo la forma ordenadamente. La lectura de estas imágenes estriadas se realiza en clave cromática atendiendo, no tanto a la física del color, como a la energía que emana de éste, junto a sus huellas de luz y armonía de contrastes. Con la pieza Templo, compuesta por tres lienzos de gran escala, Gisbert genera una acción visual que avanza más allá del muro de la sala. De nuevo el color no está sometido al dibujo. La forma renuncia a todo contenido referencial y, como resultado, el cuadro se representa a sí mismo. Comprobamos cómo la aparente oscuridad responde a un ingrediente efectista, que nos descubre el brillo y la luz a través de las franjas paralelas y las gradaciones reveladas desde el interior de la obra. De esta forma, el artista trata de transformar los valores cromáticos en colores atmosféricos, desplegados desde el laboratorio de la psicología óptica. En esa búsqueda, la composición origina velos borrosos donde algunos trazos de pintura parecen flotar a lo largo de la superficie. La imagen oscila entre la materialidad y la inmaterialidad, entre la extensión bidimensional y la profundidad tridimensional. Y con ello descubrimos a través de Templo un “nuevo Barroco”, donde la solemnidad radica en la relación espacio, pintura y espectador. La colocación del tríptico a pocos centímetros del suelo, a partir de una dimensión que supera la altura humana, permite la configuración de vanos imaginarios (puertas, ventanas, aperturas sin marco…). Como resultado, la escala, su emplazamiento dentro de la arquitectura creando un todo, y su interrelación sobrepasando los límites del lienzo permite envolver al espectador en una experiencia contemplativa, próxima a los planeamientos postminimalistas. La pieza invita al silencio y, es por ello que, para integrar también el tiempo y la pausa en el proceso de la mirada, el artista requiere de un asiento dispuesto frente a ella. 

Asimismo, la articulación de la gestualidad se consigue desde de la repetición, apoyada técnicamente en la construcción de diversos objetos industriales y pinceles de gran formato, que alían al artista con unas herramientas fundamentales para el resultado de sus pinturas. Como un mantra, Ferran Gisbert reitera la acción y construye recorridos mínimos multiplicados, a base de filas y franjas de gran sencillez que ofrecen un impacto visual inmediato. Y en su investigación del lenguaje, a través de las combinaciones de secuencias, gamas y juegos de la mirada, el autor traza áreas de luz donde el color, en diálogo con el espacio, busca su reflejo en nosotros.

    Maite Ibáñez